En el albaycinero barrio de San Luis y junto a la calle de este nombre y la Plaza de las Castillas, están la placeta y calle de la Vieja cuyos nombres provienen de la leyenda:

Había por aquel entonces una casucha con pequeño huerto anejo, cuya propietaria era una anciana llamada María Torrillo. En aquel pequeño huerto crecía una frondosa higuera orgullo y a la vez tormento de su dueña, pues los dulcísimos frutos de los que anualmente se cubrían sus ramas más servían para ser hurtados por los “chaveas” del barrio que para regalo del paladar de María, pese a su cuidadosa vigilancia y a la defensa con que, a pedrada limpia, trataba de salvar sus higos

Desesperada viendo como año tras año se repetía el expolio, y no careciendo de dotes brujeriles pactó con el diablo y a cambio de venderle su alma logró que se volvieran amargos los higos y enfermaran quienes se pusieran a la sombra de las ramas de la higuera.

De allí a poco murió la anciana y, aunque quedó solitaria la casa, comenzaron las vecinas a sentir todas las noches gritos y ruidos sospechosos. Entonces decidieron vigilar desde sus ventanas y vieron desde ellas cómo a las doce en punto salía del aljibe que existía junto al huerto, la sombra de la vieja chillando y dando vueltas alrededor de la higuera. Sus frutos antaño sabrosos, después amargos, eran ahora de oro y sus cosechadoras, otras sombras danzantes hasta el amanecer, momento en que la vieja se convertía en lechuza y se precipitaba al aljibe, igual que las demás sombras, ya convertidas en pajarracos.

Tomó parte la iglesia en el suceso con sus exorcismos y se cortó la higuera, pese a lo cual siempre retoñaba. Junto al Aljibe de la Vieja, durante algunos años concurrieron los jóvenes a medianoche en espera de los higos de oro que dicen que la vieja ofrece, las noches de los domingos, desde el fondo del agua.